—Te lo ruego, no grabes, ¿sí?
—Haré lo que quieras, pero por favor, no grabes... te lo suplico...
Antes de que Raina pudiera asimilar lo que estaba pasando, esa voz la sacudió por completo.
Hacía siete años que no la escuchaba, pero la conocía de sobra: era Celia.
Su voz sonaba rota, con una desesperación que le partía el alma.
Raina se quedó paralizada, como si el tiempo se hubiera congelado a su alrededor. Solo después de unos segundos eternos se atrevió a mirar la pantalla, pero todo estab