—¿Qué te pasó en la boca?
En cuanto Raina despertó, lo primero que se topó fue la herida en los labios de Iván.
Su mente empezó a trabajar a mil por hora, intentando reconstruir lo que había pasado anoche después de las copas.
Iván descansaba en una silla mecedora en el jardín, impecable en su conjunto blanco. Con las piernas cruzadas y rodeado por el estallido de colores de las flores, parecía una figura de mármol olvidada en medio del paraíso.
—¿Tú qué crees? —respondió él con voz cansada, pe