Esa noche, la sala de suero estaba tan callada que casi se escuchaba el goteo entrando directo en la vena.
Jayden no dijo nada. La miraba en silencio, con esos ojos hondos, y hacía girar despacio el vaso entre los dedos.
Raina lo notó al instante: la persona que se había quedado con el collar era alguien de quien a Jayden no le salía fácil hablar.
A veces, lo más considerado es no empujar. Justo cuando iba a decirle que lo dejara, que no pasaba nada si prefería no meterse en eso, el silencio se