Raina ya veía venir que a Iván se le iba a ir la lengua otra vez. Aunque tuviera parte de razón, no era manera de decirlo, así de frente. Carraspeó un par de veces, tratando de frenarlo.
Iván le pasó la mano por la espalda y le dio un par de palmadas suaves.
—¿Nunca has oído los chismes del señor Franco? ¿Por qué te pones nerviosa? Si solo me lleva tres años. A esa edad un hombre no anda precisamente... "apagado" —soltó, como si nada.
¿De verdad tenía que decirlo?
A Raina le dieron ganas de tapa