La palma de la mano le ardió de repente: Iván le había plantado un beso ahí mismo. Raina la retiró como si se hubiera quemado y dio un paso atrás, tratando de recuperar el aire.
—Cariño, ya puedes pasar a tu humilde morada —la llamó Iván, cuando por fin la tienda quedó bien armada.
Raina logró mantener el tipo por fuera, pero por dentro el corazón le iba a mil por hora.
No era la primera vez que dormían juntos, pero una cosa era una cama King Size y otra muy distinta era este encierro donde apen