Raina se miró en el espejo y se estiró un poco los labios finos.
¿Cobarde? No, era lucidez.
Tenía claro que no podía seguir bebiendo de esa manera. Y menos con Iván cerca. ¿En qué momento se le cruzaron esas ideas con él?
¿Será que la soledad también termina borrando ciertos límites?
Bajó la mirada hacia su propio cuerpo, delgado, de líneas suaves. Negó apenas con la cabeza y se metió bajo la regadera, abriendo la llave.
El agua tibia le cayó desde arriba, despejándole la mente y llevándose los