—Te ves pálida, ¿estás bien?
La subasta benéfica acababa de empezar cuando Raina volvió junto a Carla. Ese leve gesto de incomodidad no pasó desapercibido para unos ojos tan atentos como los suyos.
Raina, por supuesto, no iba a hablar de chismes. Si Carla se enteraba de que alguien estaba hablando a sus espaldas, aunque lo negara, igual lo iba a llevar a su manera.
—No, nada —respondió Raina—. Creo que solo comí demasiado.
Lo dijo con una sonrisa pícara. Como Carla siempre estaba tan pendiente d