El sábado por la mañana la casa amaneció envuelta en una tensión casi palpable. Diego había concertado una videollamada urgente con el abogado a las diez. Valeria preparó café, pero nadie tenía apetito. Lucas bajó tarde, con el rostro serio y los ojos hinchados de no haber dormido bien.
Mateo y Emma estaban en la sala viendo dibujos animados, pero el volumen bajo delataba que estaban atentos a cualquier cosa que sucediera.
Diego conectó el portátil en la mesa del comedor. El abogado, el doctor