Lucas Montenegro tenía cincuenta y dos años y estaba sentado en el porche de madera de la casa que había construido con Sofía hace casi veinte años. El sol del mediodía caía suave sobre el jardín, donde sus nietos corrían persiguiendo mariposas. Isabel, su hija mayor, ahora con treinta y un años, estaba embarazada de su segundo hijo y conversaba animadamente con Emma en la hamaca. Rafael, de veintinueve, acababa de llegar de Madrid con su esposa y su pequeña hija de tres años.
Era un domingo cu