Lucas llevaba cinco días en España y ya sentía que estaba viviendo dos vidas al mismo tiempo.
Por las mañanas montaba a Nieve con Víctor. El poni era manso y respondía bien a sus órdenes. Por primera vez desde que llegó, Lucas se sentía realmente feliz. Galopaba por los senderos del jardín mientras el viento le daba en la cara y, por unos minutos, lograba olvidar todo.
Pero por las noches, cuando cerraba la puerta de su habitación, la otra realidad caía sobre él como una losa.
Esa noche la vide