Valentina estaba sentada en el borde de la bañera, con el corazón latiéndole tan fuerte que parecía que iba a salirse del pecho.
En la mano sostenía una prueba de embarazo.
Dos líneas.
Otra vez.
Se quedó mirando el resultado durante varios minutos sin poder reaccionar. Luca tenía apenas dos años y tres meses. Todavía era un torbellino que corría por toda la casa, que decía “no” a todo y que solo se calmaba cuando su papá lo cargaba.
Y ahora venía otro.
Se tocó el vientre todavía plano y susurró