Uno de los hombres que había obligado a Regina grababa mi castigo. La piel me ardía, sentía una quemazón cada latigazo impactó mi piel, era el décimo y sentí cómo la piel comenzó a abrirse, sentía el líquido tibio recorrer la espalda, una descompensación en mi cuerpo empezó.
«Dime Dios, ¿esto era necesario?». La voz tranquilizadora del padre Rafael llegó a mí un fragmento de sus palabras de aquella tarde cuando lo visité. Jesús se sacrificó por nosotros... Tu hijo Padre pasó por esto… un sentim