Damián Webster.
Sentí mi corazón hacerse añicos en ese mismo instante. Sentí mi alma romperse, en serio sentí un dolor que no había experimentado nunca antes, ni siquiera con la muerte de mi primer bebé.
Y es qué, a aquél bebé no lo ví como a ella, no lo sentí tan cerca y al mismo tiempo tan lejos como a mi pequeña.
Ahí estaba su cuerpecito, en las manos del doctor y luego en las de una enfermera. Pequeñita, indefensa, cubierta de la sangre de su madre, su rostro era lo más hermoso que vería ja