Damián Webster.
Después que el doctor estabilizó a Ámbar y la trasladaron a una habitación, me encargué de qué dos guardias quedaran custodiando su puerta.
Aún ni siquiera había ido a avisar a Carmen, Hansel y Amelie, que las dos estaban bien, que el peligro no se había ido totalmente, pero que estaban a salvo.
Tan pronto como me aseguré que Ámbar quedara bien protegida me encaminé a la sala dónde el doctor había dicho que estaba mi hija. Y aquí estaba llegando al lugar por el cual gracias a un