Aria despertó despacio, observando como la luz de la mañana se filtraba por las cortinas de la casa de Demian, cálida y suave, dejando destellos sobre la alfombra y las paredes. Abrió lentamente los ojos, todavía envuelta en ese aroma tan particular del lugar en el que se encontraba: café, madera y un leve perfume a cedro que él siempre usaba.
Su casa siempre le transmitió esa calma que casi daba pudor tocar.
Demian estaba en la cocina de espaldas a la puerta, moviéndose con calma, como si la m