Aria despertó pasada la tarde, con esa sensación tibia de haber dormido demasiado, pero haberlo necesitado aún más. Las cortinas dejaban filtrar una luz tenue que anunciaba que el día ya se estaba yendo. Por un instante, su mente se quedó en blanco, navegando entre la calma y una inquietud que no terminaba de descifrar. Luego recordó la noche anterior en el bar del hotel, la música baja, las risas, los clientes, Sophie y el olor a café tostado… pero sobre todo la satisfacción silenciosa de habe