La vibración del bajo eléctrico en los amplificadores de la arena de Santiago de Chile se detuvo abruptamente al iniciar el receso de la práctica general. En los camerinos, el ambiente de camaradería se disipó en un segundo cuando Ji-hoon, con el rostro perlado de sudor y la respiración aún agitada, arrastró a Tae-young hacia una de las esquinas del reservado. La fijeza de sus ojos oscuros delataba una angustia contenida que no había podido mitigar desde que escuchó la nota de voz de Valeria.
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