El silencio que se instaló en el despacho presidencial era de una solemnidad aplastante. Ji-hoon se acercó con pasos lentos y amortiguados hacia el sofá donde Valeria yacía profundamente dormida por la acción del sedante. Con una reverencia silenciosa y respetuosa, se arrodilló sobre la alfombra a una distancia prudente, cuidando de no rozar su piel ni perturbar el frágil letargo que el medicamento le otorgaba. Contempló su rostro, ahora sereno, apoyado en el regazo de Georgina. Detrás de él, s