La luz dorada de la mañana de Seúl se filtró con timidez por los visillos de la suite, dibujando líneas ambarinas sobre las sábanas revueltas. Valeria abrió los ojos lentamente, sintiendo el calor reconfortante del cuerpo de Ji-hoon a su lado. Él continuaba sumido en un sueño apacible, con un brazo rodeando de forma protectora su cintura. Una chispa de picardía encendió la mirada de la ejecutiva. Deslizándose con la suavidad de un felino, se posicionó sobre el torso firme del cantante, permitie