Entré a la oficina como todos los días: con seguridad y serenidad, sin prisas. El café humeaba en la mano, las carpetas con las firmas bajo el brazo y un plan claro del día, desglosado minuto a minuto, ya se formaba en mi cabeza.
Se suponía que la mañana sería normal. Predecible. Controlada.
Abrí mi portátil, tomé un sorbo mecánicamente y me quedé paralizado.
La clasificación parpadeaba en la pantalla.
Dominion Axis — 8.º puesto.
La taza se hundió lentamente en la mesa, dejando un fino anillo d