La sala se quedó en silencio. Por un instante, nadie respiró.
Louise sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Qué?! —exclamó Paula, casi ahogándose de la risa.
Naman se cruzó de brazos, visiblemente complacido.
—Las reglas son las reglas.
Theo asintió, apenas conteniendo una sonrisa.
—Tú elegiste la acción, amiga.
Louise se quedó inmóvil. Sus mejillas se sonrojaron al instante. No miró a Philippe.
No podía. Pero podía sentir su mirada. Demasiado cercana. Demasiado intensa.
Paula exhaló suavem