Después de hablar con sus padres, Philippe bajó lentamente las escaleras.
Sus pasos eran lentos, casi inseguros. La casa estaba en silencio, salvo por el suave ruido de los platos que venían de la cocina.
Louise salió de la cocina secándose las manos con una toalla.
Era evidente que no esperaba verlo; un ligero encogimiento de hombros la delató.
Philippe dio unos pasos hacia ella.
"¿Has desayunado?", preguntó, más bajo de lo habitual.
Louise levantó la vista. Estuvo confundida por un momento, p