—Decidiste esconderte de mí, pero me encanta jugar a las escondidas —la risa maliciosa que suena desde el teléfono me hace estremecer—. Cuando se apague la luz, te encontraré en la oscuridad y sabré con qué se acuesta a dormir mi niña mala.
La llamada se corta, y miro el teléfono con terror. Estoy harta de los mensajes y llamadas desde un número desconocido. Sea quien sea, me da miedo.
En el ático vuelve a escucharse un ruido. Pero esta vez es fuerte y seco, como si algo pesado hubiera caído al