La tormenta llegó con la mañana.
La luz gris del amanecer se filtra a través de las cortinas, arrancándome de un sueño inquieto. Apenas dormí: los fragmentos de la noche anterior vuelven una y otra vez, como un eco que se niega a desaparecer. La voz de mi padre. El golpe de una puerta. La mirada de Miguel.
En la casa reina un silencio antinatural.
Cuando bajo a la cocina, mi padre ya está allí. Vestido tan impecablemente como si no hubiera dormido. Frente a él, una taza de café —intacta.
—Siént