Un Moretti Eficiente
El reloj marcaba la medianoche cuando Rafaele empujó con suavidad la puerta del despacho privado de Dante, en el ala este, adosado a sus habitaciones. El hombre entró despacio, con las manos a la espalda y una sonrisa boba que lo delataba.
Dante, inclinado sobre un montón de documentos, no levantó la vista. Con voz grave, casi divertida, soltó:
- Sé que escuchaste tras la puerta, padre.
Rafaele no se inmutó; al contrario, su sonrisa se ensanchó mientras se dejaba caer en uno