Una Semilla Nace
Serena cerró la puerta tras de sí, apoyando la espalda contra la madera como si necesitara un instante para recobrar el aire que había dejado atrapado en el salón. Su corazón seguía desbocado, no por la intensidad de lo que había ocurrido, sino por la inesperada ternura de todo.
Caminó hasta la cama y se dejó caer sobre ella, hundiendo el rostro entre las manos.
Dante. Siempre tan directo, tan práctico, tan consciente de todo… y, aun así, dispuesto a darle espacio, a dejarla de