—¡Señora! —el rostro del chofer se puso pálido al instante.
Llevaba tantos años al lado de la señora Rivera, y aunque antes había cometido errores, era la primera vez que lo castigaban tan severamente.
—¡Se lo juro, fue solo un malentendido! ¡Se me salió decir eso sin pensar! Yo solo…
—Llévenselo.
La señora ni siquiera le dirigió una mirada más. Uno de los empleados se acercó, lo ayudó a levantarse y comenzó a escoltarlo hacia la salida.
Sofía, que siempre había visto el lado benévolo de la seño