El secretario Javier no pudo evitar decir:
—Señor Rivera, tengo la impresión de que esto no es tan sencillo como parece…
Esa señorita Sofía ya no se parece en nada a la de antes.
Hace un momento no estaba dispuesta a hacer nada, y ahora ha ido sumisa a la cocina a preparar la cena.
Eso da pie a sospechas.
Alejandro respondió con indiferencia:
—¿Qué tiene de complicado? Con Sofía, el dinero y la presión bastan para hacerla ceder. Ese tipo de mujer, bah…
Cuando el reloj marcó las ocho, Alejandro b