Al ver todos esos bienes reunidos, el cobrador sonrió satisfecho, asintió con la cabeza y salió de la casa Valdés escoltado por sus matones.
Luisa se desplomó en el suelo, devastada. Jamás imaginó que por un solo préstamo usurero terminaría perdiendo hasta el último centavo de lo que ella y su hijo tenían.
Mientras tanto, en la oficina, Sofía recibió la llamada de aquel mismo cobrador.
—Señorita Valdés, todo está hecho. Sólo falta convertir las cosas en efectivo y transferirlo.
—Entendido. Hoy s