—¿Tía, tan repentino? ¿Pasó algo grave?
Luisa jamás se atrevería a confesarle a Sofía que había caído en las garras de los usureros.
En la familia Valdés siempre se había prohibido tajantemente recurrir a préstamos de ese tipo; si el rumor se corría, no sólo perdería la poca dignidad que aún conservaba, sino que Sofía tendría motivos de sobra para echarla de la casa en cualquier momento.
Sofía, que conocía bien el miedo de Luisa, sonrió apenas y dijo con calma:
—Entonces en este momento te mando