Luisa extendió la mano con la intención de tocarle el brazo a Sofía.
Pero Sofía, sin darle la menor oportunidad, se apartó con frialdad.
El gesto de Luisa quedó en el aire, aunque en su rostro aún se mantenía esa sonrisa forzada. Con cierta incomodidad, dijo:
—Señorita, hoy fue tu graduación… ¿por qué el señor Rivera no volvió contigo a casa?
—¿Está bromeando, tía? Alejandro y yo rompimos el compromiso hace tiempo. ¿Qué sentido tendría que regresara conmigo? —respondió Sofía, dejándose caer con