Al escuchar lo que dijo Lola, las chicas parecieron un poco decepcionadas, aunque ninguna se atrevió a mostrarlo demasiado.
Al fin y al cabo, lo que más deseaban cada día era acercarse a los hombres influyentes de la alta sociedad.
Si querían subir de clase, ese era el camino más rápido y efectivo.
—Bueno, está bien. Descansa aquí. Cuando lleguen con las sábanas y el edredón que pedí, les diré que te ayuden a acomodar tu cuarto —comentó una de ellas.
Lola asintió, recibiendo aquellas atenciones