Como era de esperarse, el rostro de Lola ya estaba pálido.
Una de sus compañeras, sin entender bien la situación, estuvo a punto de decir:
—El prometido de Lola es…
—¡No digas tonterías! —la interrumpió otra, dándole un codazo.
Todos en la Universidad de Finanzas sabían que Alejandro siempre había estado enamorado de su amiga de la infancia, Mariana.
Y justo ahora, la verdadera estaba allí. ¿Cómo podía alguien atreverse a mencionar algo así frente a ella?
La chica que le había conseguido la habi