Las voces de duda no paraban a su alrededor.
La casera soltó una carcajada sarcástica:
—Si de veras logra hablar con el jefe de la policía, entonces yo camino de cabeza. ¿De verdad se cree tan importante? Si fuera alguien de tanta categoría, ¿acaso vendría a vivir en un edificio tan viejo como este? ¿Cree que nos puede tomar por ingenuos?
Nadie creyó las palabras de Sofía; todos pensaban que no era más que pura fanfarronería.
Pero Lola sabía bien que Sofía podía hacerlo. Al final de cuentas, era la hija mayor de los Valdés y, además, la ex prometida de Alejandro.
No hacía mucho, Alejandro había ido en persona a la comandancia para sacarla de allí.
—¡Prima! ¿Por qué hacer el ridículo delante de todos? Mejor no molestes al jefe. La culpa es de la casera, yo te pido disculpas en su nombre —dijo Lola, desesperada por terminar con aquello.
Pero Sofía no estaba dispuesta a dejarlo pasar tan fácil.
Habían hurgado en sus cosas, la habían insultado y pretendían sacarla sin respetar el contrato.