—¡Dámelo!
Sofía se puso de pie instintivamente, tratando de recuperar el ensayo, pero Elías ya se había sentado en el sofá con la copa de whisky en una mano y el papel en la otra, leyéndolo con calma.
Sofía, con la pierna aún resentida, no podía moverse con rapidez; si quería alcanzarlo, tendría que caminar hasta ponerse frente a él. Al final prefirió dejarse caer en el otro extremo del sofá y no hacerle caso.
Elías, en cambio, leía con auténtico interés, y de vez en cuando se dibujaba en su ro