—Especialmente Alejandro, quien dejó escapar una risa fría.
Intentar llamar su atención de esta manera era demasiado trillado.
—Dos mil millones.
Alejandro pronunció estas palabras con calma.
¿Acaso no podía controlar a Sofía Valdés?
—Dos mil quinientos millones.
—¡Tres mil millones!
Las ofertas subían a un nivel absurdo. Mariana frunció el ceño y dijo:
—Alejandro, este terreno no vale tanto dinero.
Él también arrugó el entrecejo.
Javier, a su lado, susurró:
—Señor Rivera, ya hemos superado el v