¡Pah!
Una bofetada resonó en la habitación, dejando media cara de Alejandro marcada de rojo.
Sofía, cubriéndose de inmediato con la sábana, le gritó:
—¡Alejandro! ¿Qué clase de porquerías intentas en pleno día?
El secretario Javier, alertado por el ruido, entró corriendo:
—¡Señor Rivera!
—¡Fuera!
Con una sola palabra, Alejandro lo expulsó. Javier salió de inmediato, cerrando la puerta tras de sí.
—¿Y tú por qué demonios duermes desnuda en pleno día?
—¡Qué pregunta tan estúpida! ¡Porque me gusta