Apenas Alejandro cruzó la entrada del Hotel Cuatro Estaciones, el gerente salió presuroso a saludarlo, pero el secretario Javier se interpuso con discreta firmeza y lo contuvo.
Era la primera vez que Carmela veía en persona a Alejandro. Con la posición que su familia tenía en esta ciudad, ella jamás habría tenido la oportunidad de encontrarse con alguien de ese nivel.
Cuando descubrió que en realidad era aún más severo y frío que en las fotos, el rostro de Carmela se encendió de rubor.
Sin exagerar, ese porte suyo superaba en atractivo incluso a las estrellas más famosas del espectáculo.
—Señor Rivera… —Carmela se puso de pie, lista para saludarlo.
Pero él se sentó directamente frente a ella sin prestarle atención.
Viendo que en su rostro no asomaba la menor sonrisa, Carmela no tuvo más remedio que volver a acomodarse en su lugar.
—No tengo mucho tiempo, así que vayamos directo al trámite.
El secretario Javier colocó frente a él una taza de café. Alejandro apenas dio un sorbo y, levan