—Sí, señor Ruiz.
Mateo se dio media vuelta y salió del salón.
Todos en el aula miraron a Mariana con cierta lástima, sin saber que lo que más detestaba ella era justo esa mirada de compasión.
—Mariana… —Silvia intentó consolarla, pero al ver los ojos enrojecidos de su amiga, sólo alcanzó a mirar cómo salía del aula sin decir más.
Al caer la tarde, en la casa de los Rivera.
Sofía bajó de la cama cojeando.
La sirvienta abrió la puerta y, al verla de pie, casi dejó caer el tazón que traía en las ma