Sofía cayó al suelo sin poder evitarlo. El brazo chocó contra una piedra dura y la sangre brotó de inmediato.
Los ojos de Alejandro Rivera se afilaron como cuchillas.
—Sofía, ¿sabes lo que hiciste hoy? ¡Habla!
El dolor la hizo inhalar entre dientes, pero aun así lo enfrentó sin bajar la mirada.
—¿Qué hice hoy? Señor Rivera, ¿acaso no lo vio usted mismo en el hospital? ¿Para qué vuelve a preguntarme?
—¿Todavía quieres hacerte la tonta?
El tono de Alejandro destilaba frialdad.
—Esta noche mandaste