—¿Ya terminaron? Tengo cosas que hacer en la tarde.
El consejero mostraba clara impaciencia.
Sofía lo miró desde la puerta. Sabía bien en qué posición estaba ahora: cualquiera se sentía con derecho a pisotearla.
Se volvió hacia el médico.
—Entiendo, doctor. ¿Podría recetarme algo, por favor?
—Claro.
El médico le extendió la receta y le explicó cómo debía tomar el medicamento.
Solo cuando todo estuvo en orden, Sofía tomó los papeles y se puso de pie.
—¿Ya acabaste? —gruñó el consejero desde afuer