Aquel rostro... sí, así de perfecto. Usar palabras como encantador, arrollador, capaz de volver loco a cualquiera no era ninguna exageración.
Pero para Sofía, los tipos guapos eran como nubes pasajeras. Nada que un comentario de Mateo no pudiera disolver en segundos.
En ese instante, Leo se quedó parado en seco y se quitó los lentes oscuros.
Su celular vibró de nuevo: era otra llamada de Mariana.
—¿Ya llegaste?
—Estoy frente al Edificio Uno —respondió Leo sin apartar la vista del punto donde Sof