—Por Sofía, ceder un salón no es problema —dijo Mateo con tono neutro, sin mostrar ni una pizca de emoción.
Luisa se le iluminó la cara de inmediato.
—¡Ya sabía yo! ¡Sabía que usted iba a decir que sí!
Mateo esbozó una sonrisa leve.
—Ya que es para la señorita, cedamos el salón más grande. Que el cumpleaños de su hermano se celebre como se debe.
Luisa ni siquiera sospechó que algo no cuadraba. Seguía riéndose como si le hubieran contado el mejor chiste del año.
—¡Eso, eso! ¡Así se habla! Usted s