Alana
—Christopher. Un placer, señora Vega —pronuncia.
Da un paso al frente, se inclina levemente y le extiende la mano con cortesía, dedicándole una sonrisa respetuosa.
Mamá se le queda viendo un momento. Sus ojos viajan de la mano extendida de Christopher a su rostro, analizándolo de arriba abajo, para luego lanzarme una mirada interrogante a mí. Finalmente, estrecha su mano con firmeza.
—El placer es mío, Christopher —responde ella, sin quitarle los ojos de encima—. Vaya... me sorprende que