El lunes por la mañana estoy entrando a la casa de Roman para comenzar mi semana.
Me siento diferente y con la mejor actitud para ayudar a Paloma durante estos días. Bajo del coche en el garaje y estoy cerrando mi puerta cuando un par de brazos me restringen el movimiento.
Con una sonrisa, me volteo para encontrar a Roman.
—Buenos días —murmura en voz baja.
—Ahora te dedicas a acosar a tus empleados —digo en modo de saludo.
—Bueno. A una en particular que esperaba ver antes de irme a trabajar.