Ava despertó al sentir un cosquilleo a lo largo de su espalda. Sonrió al darse cuenta que eran besos.
—Podría acostumbrarme a despertar así.
—Es hora de levantarse —anunció Alessandro depositando un último beso en su espalda.
—¿Qué hora es? —preguntó ella, reacia a moverse. Ava estaba perfecta donde se encontraba. Se acomodó mejor y sonrió aun sin abrir los ojos.
—Cerca de las siete de la mañana.
No entendía porque la despertaba tan temprano. Aunque él se escuchaba tranquilo por un segu