La alarma sonó cuando el sol iluminaba toda la habitación de hotel. Eran cerca de las doce del mediodía y, después del corto descanso que había tomado, Ava se sentía renovada.
Estiró la mano hasta alcanzar el celular de Alessandro que estaba sonando sobre el buró y presionó el botón para apagar la alarma, luego se giró hacia Alessandro.Él aún tenía los ojos cerrados y su rostro se veía tan pacífico.
A Ava le alegró verlo más relajado después de la mañana de preocupación que habían tenido.