El sol de Tenerife calentó su piel pálida y desnuda, lo que fue más que perfecto para Leonardo.
Con ese bikini rojo, Alessa logró volverlo loco. Dos diminutos triángulos de tela cubrieron sus senos apetitosos. Un insulto de protección para esos pechos deliciosos. En la parte inferior esa tanga moldeó su hermoso trasero, perfecto para apretar y tocar. Sexy era poco. Leonardo fue incapaz de quitarle las manos de encima desde
—Si sigues así, Leo, arruinarás mi bronceado —la oyó refunfuñar desde a