Cuando su madre se enteró del asunto del "rubí de la discordia", estuvo a punto de arrancarle la cabeza.
—¿Cómo es eso de que estás en los tabloides de chismes? ¡¿Para eso te crié?! ¡¿Para eso fuiste tan brillante?! ¡Para que te volvieras la comidilla de la farándula!
—Ma, estás exagerando un poquito.
—¡Es que no tienes límites, Genevieve! —le había gritado Agatha con fuerza, sacudiendo los brazos. Su madre se había convertido en un torbellino rojizo por toda la sala del apartamento compartido