Despertar con los besos de Leonardo ya se estaba volviendo una hermosa costumbre. Fue único, especial... Aunque despertar con su polla enfundada hasta lo más profundo de ella, fue una experiencia deliciosamente visceral. En esas ocasiones, todavía tuvo sus besos, en el cuello, en los hombros o en la oreja, mientras su respiración agitada siguió el ritmo castigador de sus caderas contra las de ella. En esas ocasiones, cuando la tuvo mareada y drogada de placer, la obligó a despedir a cualquiera